Reportaje publicado en El periódico de Catalunya (24-11-09).
La conquista del fondo del mar emerge en el Museu Marítim
Julio Verne iniciaba así su libro 20.000 leguas de viaje submarino: «Corría el año 1866 cuando una noticia...». A buen seguro el escritor, bien documentado vía suscripciones, tenía conocimiento de la botadura del Ictineu 1 de Narcís Monturiol, siete años antes en el puerto de Barcelona. «La historia del capitán Nemo es la historia de Monturiol cuando le cancelan el proyecto. Nemo solo puede estar inspirado en Monturiol», aventura de corazón Pere Forès, diseñador industrial del Ictineu 3, en menos de un año el primer submarino científico de España.
Ahora, con motivo de la conmemoración del Año Monturiol, y del 150º aniversario de la botadura del Ictineu 1, el Museu Maritím de Barcelona presenta una ambiciosa exposición con el propósito de recuperar la fascinación por lo desconocido y rendir tributo al revolucionario científico. Una curiosidad materializada a través diferentes sumergibles civiles, reseñados en una exposición que también se aventura a recuperar la experiencia sensorial del viaje submarino y los sueños proyectados por el mar en el imaginario. El viaje titulado Inmersió! Monturiol i la conquesta del fons del mar abre sus puertas el lunes, y tiene desde ayer en el Museu de l’Empordà una visión complementaria centrada en el visionario figuerense que convirtió la utopía en realidad.
«Se tiene más información de Marte que del fondo del mar», recuerda Forès. Los científicos calculan que solo se ha explorado un 5-10% de los océanos del mundo. En 1960 el batiscafo Trieste alcanzó los 11.000 metros, la máxima profundidad de los mares, y en 1969 se pisaba la Luna. ¿Y desde entonces? ¿Se ha perdido la curiosidad? «En el año 1948, cuando se reprendió la exploración submarina, solo habían existido dos submarinos para usos científicos, los de Monturiol. A partir de 1948 se han construido más de 500 submarinos de exploración», dice Forès que añade: «Una cosa es que no hayan recursos y otra es que se haya perdido la fascinación. El mar es la gran frontera que nos falta por explorar».
Joan A. Forès i Jané, comisario de la exposición y padre de Pere Forès, coincide: «Es más desconocido y desafiante el fondo de los mares que ir al espacio exterior. Y es más complicado ir hacía abajo que hacía arriba». La exposición da fe de los esfuerzos, en ocasiones suicidas, por iluminar las llanuras abisales y el gran valor «para las generaciones futuras» de toda la información que Monturiol legó, a diferencia de los muchos aventureros que se hundieron en los abismos junto a su tripulación.
SUMERSIÓN// Pere Forès ha recogido el testigo de Monturiol. Desde hace años prepara la construcción del Ictineu 3 y, como Monturiol y otros inventores, encuentra más obstáculos en tierra que bajo la superficie. «Fuimos los primeros en el mundo en solucionar la navegación submarina y ahora estamos a la cola», se lamenta Pere Forès. Y denuncia: «Nuestro país ha perdido el tren de la exploración del fondo del mar. Nosotros estamos abriendo un sector industrial que en Catalunya no existe pero sí en países de nuestro entorno. El sector de la tecnología submarina mueve en el mundo 26.000 millones de euros al año y se prevé que de aquí a dos años mueva más de 40.000».
Para sacar adelante el proyecto del Ictineu 3 el diseñador ha visitado a más de 600 personas. «Durante un tiempo la mayor parte de los esfuerzos de la empresa iban destinados a rellenar papeles», admite. El presupuesto del proyecto ronda los dos millones de euros y «un 2% del proyecto ya ha estado financiado con subvenciones públicas». «Monturiol gastó el equivalente a seis millones de euros», revela Pere Forès, si bien el ampurdanés también sufrió la apatía política y su Ictineu 2 fue embargado y convertido en chatarra. Ahora la exposición explica la historia de la exploración de las profundidades, aunque, como reconoce Pere Forès, «en el fondo del mar quedan todavía muchos mundos por descubrir».
Si así es, si el capitán Nemo habita todavía el océano, su patria adoptiva, ¡ojalá pueda el odio apaciguarse en su feroz corazón! ¡Que la contemplación de tantas maravillas apague en él el espíritu de venganza! ¡Que el justiciero se borre en él y que el sabio continúe la pacifica exploración de los mares! Si su destino es extraño, es también sublime.
Jazz + Funk + Hip-Hop + R&B + Reggae… ¿Y por qué no?
WTF Jam Sessions, un pulso por la experimentación en directo
Lunes tras lunes se libra una batalla en la sala Jamboree por la supervivencia de la música en directo, casi suicida si el jazz es cómplice, y más si la propuesta se autogestiona de forma popular, semana tras semana, con la venta de un exiguo precio de entrada y sin tutelas administrativas. Una inédita cara B de muchos músicos de nuestra escena donde la improvisación y la miscelánea de estilos son el leitmotiv de la noche.
Las What The Fuck Jam Sessions no viven de un producto etiquetado en una estantería del Fnac, sino de un brioso espíritu en los subterráneos de la Plaza Real, repletos de aullidos ginsbergianos y a galope tendido de una escena musical barcelonesa atestada de fanfarria. “Las WTF Jam Sessions surgen de las fiestas de cumpleaños que organizaba en mi casa, con amigos de todo el mundo que aportaban comida y música de donde provenían. En el momento en que se hicieron demasiado populares dejé de hacerlas en casa y las llevé a Jamboree”, explica Aurelio Santos, programador, presentador y alma máter. Y allí, al refugio del bullicio de la metrópolis, un 24 de junio del 2001 se reunieron entre amigos, poco más de 50 personas en el pistoletazo de salida de las WTF.
Ya consolidadas en la agenda musical, las What The Fuck Jam Sessions son un auténtico laboratorio de pruebas, certificado con la calidad indeleble de las afinidades electivas de los sospechosos habituales, así como de infinidad de trotamundos que han pisado su escenario, reunidos para improvisar a partir de estándares o alguna melodía tarareada al momento. “Cada lunes es una humilde aportación a la escena local de la música en vivo. Todo lo demás es lo que cada uno quiera aportar o representar, ya sean estos músicos afamados y de éxito, o músicos noveles, o recién llegados necesitados de reconocimiento y trabajo”, comenta Aurelio. Músicos, muy dispares, como Donald Harrison, Christian Scott, Avishai Cohen (trompetista), Avishai Cohen (contrabajo), Eric Harland, Neneh Cherry,Orishas, Cheikh Lo, Fishbone, Perico Sambeat, Seamus Blake, Gary Willis, Armand Sabal-lecco y muchos más que no lo dudaron ni un segundo antes de subir al escenario, además de los asiduos Guillermo Calliero, Raynald Colom, Guim Garcia-Balasch, Adriano Galante y un largo etcétera. La última sensación Félix Rossy, trompetista de 14 años, que compartió escenario, entre otros, con el genial saxofonista Chris Cheek, un sentido choque generacional que incendió el espíritu de los presentes.
La noche se inicia con la única certeza de un concierto de los artistas invitados y, de aquí en adelante, barra libre para los músicos con agallas y discurso. Cuatro horas y media en total de música hasta bien entrada la noche, sinónimo de jazz y cobijo de las pasiones más espurias y los espíritus más indómitos, también al saxo o la trompeta. “La actitud que predomina es la de no prejuicios, dejar que la música canalice a través tuyo. Evidentemente, el ego también debes dejarlo aparcado fuera. Yo con ver las cabezas del público sacudiéndose arriba y abajo ya estoy contento”, confiesa Marc Ayza, adictivo a la batería. Y añade: “En ocasiones las jams asimilan el espíritu de una audición de final de curso con músicos nerviosos a la espera de su momento o frustrados por no haber tocado bien. Yo lo que busco en una jam session es que sea una fiesta donde se mezcle la creación, la amistad, la euforia…y las WTF son lo mas cercano a ello”. En opinión del contrabajista Thomas Kent Warburton, las WTF “tienen su propio perfil, más amplio que otras jams, con una fusión entre muchos estilos que no tiene la típica jam, algo más cerrada en general”.
“Es un lujo espectacular. Es como tocar en familia y son muchos años de educación mutua”, afirma LLibert Fortuny, l’enfant terrible del jazz europeo, capaz de releer un sábado a Mozart en clave de jazz y un lunes experimentar con los pedales de creación de loops en clave funky. Con licencia inexcusable para experimentar, el escenario se transforma en un laboratorio donde el músico testea libremente sus hipótesis, manipulando variables con el objetivo de cotejar la respuesta de los asistentes y, en definitiva, retroalimentarse recabando una información de primera mano. Un sentimiento imperceptible para el artista confinado en el estudio. Aunque, como advierte LLibert, “si el músico de creaciones propias se deja arrastrar por una tendencia quizás todos nos estemos perdiendo algo que podría ser más interesante”. De espaldas a las discográficas y sin presión, los músicos arriesgan con sus propuestas llevándolas más allá de cualquier de canon, evolucionando por el contacto con una amalgama de estilos y, también, promocionándose para hacer de la trasgresión una convención que transgredir. “La actitud de las WTF ahuyenta los complejos y las manías. El ¿y por qué no?”, explica LLibert. Asimismo, las WTF también constituyen un sonoro ritual de iniciación equiparable al practicado por nuestros ancestros y donde sólo importan las ideas: cuando un músico empieza a repetirse pierde su audiencia entre los ruidos de las copas y los flirteos rítmicos. Las WTF son además un buen escaparate para los trotamundos, de la misma forma que en la época dorada del jazz los músicos recién llegados a la ciudad se dirigían a una jam en busca de un contrato. "Es una buena pista para aterrizar y, después, despegar”, reconoce Warburton, contrabajista de Kansas que aterrizó hace 7 años, y ahora convertido en un músico muy codiciado: “En las WTF yo conocí a mucha gente que me dio trabajo en sus formaciones. Demasiada gente para hacer recuento”.
“Improvisación sólo existe en el momento y hay que vivirlo, tanto el artista como el público. El momento es todo lo que tenemos, todo lo que compartimos, y el jazz lo comunica si estás atento”, opina Warburton. Y allí, sobre el escenario, una vez la jam da comienzo, se rinde un tributo a la improvisación como campo de batalla del músico. “El espíritu de los músicos de jazz es la improvisación y para ello nos preparamos, para entender un lenguaje y desarrollar ideas y conceptos musicales al momento, al igual que un MC hace con las letras o los trovadores en su época”, apunta LLibert. Un apetito por las distancias cortas que no es consecuencia de la reestructuración de la industria musical, ni sorprende al jazz: “Durante muchos años se hacían producciones de pop/rock que duraban meses. Ahora todo ha cambiado: no se venden discos, las grabacionestienen una producción menor y los grupos tienen que sonar más en directo. El músico de jazz siempre ha sido un músico del directo, nunca de estudio, en parte debido a que jamás hemos tenido los recursos de producción y ventas necesarios”.
Orquestadas por Aurelio Santos, las What The Fuck Jam Session y sus cómplices son acusados de herejes en boca de críticos aferrados a la tradición jazzística más clásica, pero olvidadizos con la historia. “El escepticismo es muchas veces sinónimo de ignorancia”, sentencia LLibert. Cada pieza musical en las WTF constituye una versión definitiva de algo y, al mismo tiempo, una obra en progreso, sin nombre y quizás irrecuperable, al igual que muchos solos de Charlie Parker antes de la aparición de Dean Benedetti. Un producto sin envasar que los críticos no pueden precintar, pero que se vive en directo y de forma irrepetible, en visible anarquía. “Respecto a esta supuesta anarquía has de tener las orejas y la mente bien abierta. Hacer que una groove camine no tiene nada de anarquía”, advierte Ayza. Al igual que el jazz, impuro por naturaleza, las jam sessions de Jamboree absorben lo mejor de todos los roces, combinando jazz, funk, hip-hop, r&b, reggae, electrónica... “A mí me ha servido para conocer a músicos que por escena o estilo no estaban en mi camino. Ello me ha permitido ser consciente de diferentes realidades y eso me ha influido”, reconoce Ayza, uno de las baterías con más proyección y presente de la escena. En definitiva, una auténtica torre de Babel abandonada (afortunadamente) por los gerentes de la cultura en la que nacen infinidad de idiomas y melodías. “Siempre he dicho que es un gustazo tocar jazz con la energía de un concierto de rock”, golpea Ayza.
A pesar de que las WTF son las más concurridas, Barcelona tiene una gran tradición jazzística y son diversos los locales en la actualidad (Continental, Heliogábal, Harlem Jazz Club, Robadors 23 o la sala Monasterio) los que programan propuestas de jams. Sin embargo, si bien hay una gran oferta de música en vivo todos los días, en general se trata de “una oferta low cost, o sea, poco dinero para los músicos, alegalidad en las condiciones y precariedad en el equipamiento”, comenta Aurelio, si bien “tampoco hay una grandiosa cantidad de público como para pensar en que se pueden montar programaciones por doquier. Ni siquiera en lugares como en Nueva York o Londres hay una grandísima cantidad de público para los clubes, pero si mucho más hábito a la hora de acudir a los locales”.
Por consiguiente, algunos locales que programan jam sessions carecen de una programación estable y los festivales, a pesar de su éxito en taquilla, son un fogonazo sin una base sólida de público, una fallida correa de transmisión a corto plazo para una programación más arraigada. “Los festivales deberían ser la celebración de una escena boyante, pero todo ese público que va a los festivales suele dar la espalda generalmente a la escena regular de música en vivo. No les culpo, pero es reflejo del poco hábito a la hora de ir a ver música en los clubes, lugares donde se gesta la buena música en las distancias cortas”, apunta Aurelio, quien opina que todo nace del bajo concepto que se le atribuye al arte hoy en día: “La gente paga 10 y hasta 15 euros por entrar en una discoteca, pero a la vez se lo piensan mil veces antes de pagar 10 euros por acudir a ver un concierto de jazz”.
Si en la tan cacareada sociedad posmoderna reina la indiferencia de masa y un sentimiento de reiteración, que únicamente premia la experiencia reflejada en los grandes titulares, la música en directo y, sobre todo el jazz, vive aquejada por el refulgir de las grandes citas. Aquellas que abusan de la obcecación de nuestras instituciones por colocar Barcelona en la agenda cultural de la plena ocupación hotelera, construyendo castillos en el aire que una vez chalaneados por el mejor postor desvelan una planicie árida con cuatro matojos mal irrigados. “Siempre he dicho que los festivales de jazz funcionan por si solos como acontecimiento. El público, muchas veces, acude al acontecimiento y no al concierto”, reflexiona Ayza. ¿Y el músico? “Recuerdo una vez que en las noticias anunciaban el inicio de un festival. Me impacto ver cómo entrevistaban al organizador mientras los músicos estaban tocando al fondo. De los músicos que estaban tocando no se dijo ni pío. El mundo al revés”.
Según LLibert, el público acaba siendo esclavo de la publicidad. “Con dinero puedes hacer que 10.000 personas vayan a un campeonato de natación sin agua en la piscina. La realidad es que sin dinero la comunicación desparece y sólo funciona el boca a boca. Los festivales tienen una larga tradición en este país y también muchos camiones de cerveza recordándote las fechas del festival y aquel músico que suena tan bien y que dicen que es la hostia. Y puede que sea la hostia, pero también hay otra oferta que también es la hostia y que simplemente no llega al público. Es algo habitual en la programación estable de este país y ¡tenemos mucho trabajo que hacer¡ ”.
"Gracias por amar la música en vivo / Thank you for loving live music. Gracias por amar la música en vivo / Thank you for loving live music. Gracias por amar la música en vivo / Thank you for loving live music. Gracias por amar la música en vivo / Thank you for loving live music. Gracias por amar la música en vivo / Thank you for loving live music...
00:19:15,122 --> 00:19:18,273 Me lo he hecho con...uno de Colombia, uno de Brasil, uno de Argentina... Uno de... Alemania cuando estaba en el instituto. Tengo un novio inglés...
00:19:33,322 --> 00:19:34,960 Sí que es romántico.
9 songs - Michael Winterbottom
“¡Y pensar que he desperdiciado años enteros de mi vida, que he querido morirme, que he sentido el amor más grande por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!”
Un amor de Swann. Marcel Proust.
No puedes matar al tiempo con el corazón. Todo ocupa tiempo. Las abejas tiene que moverse muy deprisa para permanecer quietas.
En lo alto para siempre. David Foster Wallace.
Yukio Mishima se preguntaba a los 24 años en Confesiones de una máscara: “¿Por qué llevamos todos la carga del deber de destruirlo todo, de cambiarlo todo, de entregarlo todo a la caducidad? ¿Será ese desagradable deber eso que la gente llama vida?”. Zygmunt Bauman ensancha el mapa de los sentidos: en estos tiempos líquidos todo unirse y separarse, todo hundirse y reflotar, toda muerte y resurrección simbólicas posibilitan “percibir la existencia simultánea del impulso hacía la libertad y el anhelo de pertenencia”. Pero siempre a medias tintas: ansiosos por una mano amiga y temerosos de la fuerza con la que nos puede asir mañana esa mano auxiliadora. Una ecuación desalentadora en la que mantenerse en movimiento es un deber agotador. ¿Confirma que desea mover a X y todos sus componentes a la papelera de reciclaje? ¿Desea actualizar y obtener la última versión de X ?
Si una empresa nos garantiza el reembolso en caso de quedar insatisfechos con el producto, ¿por qué no aspirar a lo mismo con X?, ironiza Bauman, mientras los medios siguen bombeando su advertencia: No lo olvide. ¡No hay nada peor que jugárselo todo a una carta! Las promesas a medio plazo no tienen sentido y usted no puede ni debe cerrarle la puerta a otras posibilidades gratificantes. ¡Usted mismo puede ser descartado en cualquier momento! No hay nada más fácil que apretar la tecla delete. Manténgase en línea, atento a nuevas redes. Es por ello que las relaciones virtuales, con su factor on/off, triunfan cada vez más. La cultura del hit single. Aunque claro, seguir esa senda líquida y prodigarse en la abundancia tampoco mitiga la angustia ni el deseo de pertenencia, ese “hasta que la muerte nos separe” tan neardenthal y sólo apto para espíritus indolentes, y tan propio de nuestra naturaleza domesticada. El sentimiento de inseguridad y el pavor a nuestra fragilidad son la espada entre nosotros y la pared: nos marcan el paso y tensan la relación entre la experiencia misma y el ritual. ¡Bendita liturgia! Una lógica colectiva y consensuada, como la de un turista más, donde el valor irrepetible del momento poco significa frente a la reproducción social de la ceremonia y su embotellamiento.
Un dilema perenne, pero no idéntico hoy que ayer. Lucano decía que el amor implica ser un rehén del destino. Quizás ahora el amor implica ser un rehén del último anuncio publicitario con música de Satie, de Kundera o Henry Miller, de Wong Kar-wai o Godard… y del tiempo que se agota, que se agota entre estas líneas. Rehén de infinitas representaciones que han desvalijado la realidad y mercantilizado lo humano, de relaciones mediatizadas por construcciones en la frontera entre el sueño y la vigilia, cuando nuestra impaciencia por recuperar el hilo de un sueño placentero en la inconsciencia desvelada nos conduce a la plena inconsciencia de la nada, al sueño más profundo: el despertar. “Todo lo que antes se vivía directamente, ahora se aleja en una representación”, escribió Debord. Vidas y más vidas asesinadas sigilosamente por modelos de vida sugestionados, más madera para la hoguera del capital. Etiquetado industrial de todos y todo, a fin de eludir el arduo trabajo de perforación, sin margen a la solidificación. ¿Quién garantiza que encontremos petróleo? ¡El futuro es seguir siendo humanos! ¡El mundo no se vuelve humano por el simple hecho que la voz humana resuene en él!
En todo consumo emocional hay que buscar la mejor relación costo-beneficio. Siempre abiertos a redimirnos con el cambio. Bauman no tiene piedad con las relaciones humanas, ensombrecidas por la esfera comercial. No tiene piedad. Ni con los hijos, principal objeto de consumo. Ni con los celulares, aparato que nos permite mantenernos conectados, pero siempre a distancia. Ni contigo, en tu campana de cristal y tu aire viciado. Y es que ni la victimización humaniza ni ser una víctima garantiza autoridad moral. Tan sólo el olvido se erige como condición del éxito. "Hay que estar siempre embriagado. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del tiempo, que os quiebra los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que emborracharos sin tregua. ¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero ¡embriagaros!", advierte Baudelaire.
En Mishima ningún acicate a la libertad y la pertenencia es tan enérgico, y también condenadamente egocéntrico, como la muerte, un hecho único e irrepetible del que no se aprende para el mañana. Y él sabia que morir no basta: hay que morir a tiempo, antes que la decadencia teja sus redes y antes que la invalidez se convierta en una probabilidad, y asiendo las riendas del destino. Así, un 25 de noviembre, el fecundo escritor le dejó a su editor La corrupción de un ángel, última novela de su tetralogía El mar de la fertilidad, y llevó a cabo su último y patético acto en defensa de la figura del emperador (Bunka boueiron) y las tradiciones niponas, según él gravemente amenazadas por las corrientes occidentales que soplaban en Japón. Atrás quedaba el imberbe Mishima que vivía la IIGM con apatía política y hasta con cobardía al desertar de sus obligaciones con añagazas. Su suicidio es el ejemplo más patético, a tan elevados altares, de circuncisión entre arte y vida: una brutal disociación difícil de conciliar entre su sensibilidad artística y el personaje público, a lomos de un ultranacionalismo repleto de incoherencias. Y entonces, ¿por qué una persona con su talento e inteligencia escogió un pretexto tan fútil para el sacrificio con el que tanto...? Una contradicción más en un mar de contradicciones de un egomaníaco Mishima, siempre complejo, siempre exigente, que vivía a caballo entre dos culturas opuestas: la anglosajona y la japonesa ancestral. Sensible a sus dobles impactos, hasta que el deseo de representar su martirio y su narcisismo le empujaron al ritual con el que tanto había fantaseado, en vida y en obra.
“Toda mi vida he sido consciente de la contradicción que se da en la naturaleza de mi existencia. Durante cuarenta años, he luchado por solucionar ese dilema escribiendo obras de teatro y novelas. Cuanto más escribía, más descubrí que las palabras no son suficientes. Así que encontré otra forma de expresión”.
“Cuando un hombre alcanza los 40, no tiene la posibilidad de morir de forma bella. No importa lo que intente, morirá de decadencia. Se tiene que obligar a sí mismo a vivir”.
Desde pequeño Mishima idealizó la muerte, a través del arte, de la cotidianidad de los paisajes de un país en guerra o de su enfermiza abuela. Encadenado a un cuerpo enclenque, la muerte siempre lo acechó en sus pensamientos y él la saboreaba con morbosidad en los bombardeos, siempre bordeándola. Asimismo, desde muy joven su homosexualidad le hizo adoptar diversas máscaras en plena batalla por su afirmación, mientras jugaba desde la distancia a una normalidad convenida socialmente. Confesiones de una máscara, la primera obra de Mishima, escrita con tan sólo 24 años, narra su despertar homosexual y sus tendencias autodestructivas, su incontrolable atracción por la muerte, la belleza y la sangre, el constante andamiaje de su personalidad, su culto al cuerpo tan enfermizamente occidental, aunque de raíces clásicas y sensitivas...
Obra transgresora por su temática y transparencia, Confesiones de una máscara fue un éxito de ventas, y a ello contribuyó su prosa existencial y decadente, así como sus desnudos párrafos. También la franca exposición de sus incertidumbres y su abierta desconfianza a la voluntad y el carácter como guías de su comportamiento. Y su terror a la flaqueza, adosada a su vanidad, que le llevaría a convertirse en guerrero y culturista. “Formando parte de mi sistema de autodisciplina, adoptado desde la infancia, me decía constantemente que más valía morir que llegar a ser persona tibia, poco viril, que no sabe con claridad lo que agrada y lo que le desagrada, persona que sólo se desea ser amado y que no sabe amar” Tal era la encrucijada que jamás acabó de resolver. Agotó todas las palabras, vivió su ocaso. Cuanto más escribía más consciente era que las palabras estaban en decadencia, las mismas palabras que antaño le permitieron construir su mundo, construirse a sí mismo, pero que nada tenían ya que ver con el desbocado rumor del oleaje, con la invalidez que se aproximaba y con la oportunidad de un tardío y ridículo acto de heroísmo condenado al fracaso moral. Cayó la máscara y apareció el hombre.
“Todos dicen que la vida es un escenario. Pero la mayoría de las personas no llegan, al parecer, a obsesionarse por esta idea, o al menos no tan pronto como yo. Al finalizar mi infancia estaba firmemente convencido que así era, y que debía interpretar mi papel en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica manera de ser. Como esa convicción iba acompañada de una tremenda ingenuidad, de una total falta de experiencia, pese a que existía la constante sombra de duda en mi mente que me hacía sospechar que quizá no estuviera en lo cierto, lo indudable es que todos los hombres enfocaban la vida exactamente como si de una interpretación teatral se tratara. Creía con optimismo que tan pronto como la interpretación hubiera terminado bajaría el telón y el público jamás vería al actor sin maquillaje. Mi presunción es que moriría joven era otro factor que colaboraba a mantener esa creencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese optimismo, o, mejor dicho, ese sueño en vigilia, concluiría en una cruel desilusión”.
Reportaje (ver.extendida) publicado en El periódico de Catalunya (13-10-09).
LA OFERTA INFANTIL DE LA TDT: ¿BENDICIÓN O MALDICIÓN?
La batalla por el mando
En nuestra sociedad de autoservicios la seducción irradia de la oferta televisiva, y no hay nadie más vulnerable que los niños. María Jesús y Fernando, de Viladecans, son padres de Laura, de 12 años, y Víctor, de 10. Tienen la TDT y su programación de entretenimiento infantil casi las 24 horas, con canales como Disney Channel, Neox o Clan TV, recrudece la batalla diaria por el control del mando a distancia. Y también pone a prueba su pericia como negociadores.
DISPARIDAD DE MODELOS
A diferencia de su época, rememora María Jesús, en estos canales “no aparece la familia Telerín mandando a los niños a la cama”, y añade Fernando: “Con el K-3 la programación infantil acababa antes de las noticias de la noche, ahora hay dinosaurios a todas horas”. Además, las generaciones actuales son consumidores con derechos inmanentes y objetivos preferenciales de las marcas por la influencia que ejercen sobre sus progenitores. “Compramos la TDT por Hannah Montana”, asegura Laura. “Si un caso avanzamos la compra”, matiza Fernando, antes de reconocer: “Cuando no teníamos la TDT Laura y Víctor nos daban la tabarra con Disney Channel”. Si a ello, y a la copiosa oferta, se suma la incertidumbre sobre los principios autoritarios y la tendencia a modelos más igualitarios, la negociación está abierta. Atrás quedan recuerdos de infancia como los de Fernando: “Éramos siete hermanos y mi padre tenía su sillón. Cuando llegaba se lo cedíamos y no había negociación”.
¿BENDICIÓN…?
“La TDT iba a ser una bendición, pero detrás de una serie viene otra”, se lamenta Fernando, aunque reconoce que “cuando tú estas ocupado y no le puedes dar una alternativa, el recurso fácil es la televisión y es duro decirles que no, no y no al llegar de trabajar”. Sin embargo, la variedad de oferta también “es la oportunidad de inculcar valores de respeto y responsabilidad en sus elecciones”, añade María Jesús, quien considera que “ahora es más difícil educar y tienes que trabajar más con tus hijos a nivel educativo, con más diálogo”. Una reflexión que no excluye que el contenido de canales como Disney Channel no tan sólo haya calado entre los jóvenes. También ha convencido a sus progenitores por esconder algunos secretos de los adultos. “El contenido es tranquilizador, éticamente apropiado y la publicidad indeseada está más controlada”, opina María Jesús. Aún así, eso no evita que en ocasiones “no haya forma de encontrar el mando”, se queja María Jesús, sobre todo cuando el telediario de las nueve coincide con Hannah Montana. Y tampoco impide que Fernando, en un calambre de sinceridad, exclame: “Estoy hasta las narices. Disney Channel lo paso rápido cuando hago zapping”.
Silvia de Badalona, madre de Aleix, de 8 años, también opina que “con la llegada de la TDT y toda la oferta infantil sí que hay un empeño mayor de monopolizar el mando, pero yo soy muy estricta”. ¿Y una estrategia en la resolución de conflictos? “Está mal hecho, pero al tener dos televisiones hay una solución rápida, aunque Aleix prefiere la canasta”. Con todo, los canales temáticos también tienen otro reverso: “Con apretar el botón lo tienen todo a todas horas, como si fueran adultos”. Igualmente prefiere “que vea esos canales temáticos en lugar de los canales generalistas que no vigilan los contenidos ni cumplen con el horario infantil”, y se plantea en ocasiones si no es más indicado que vea Zack y Cody en lugar de las crudas noticias.
Asimismo, la atracción ejercida por estos canales en la oferta de ocio de los niños hace brotar las clásicas disputas entre hermanos. “La mayoría de conflictos con mi hermano son por la televisión”, admite Laura, quien considera que “los programas que hay para chicos son más infantiles y de dibujos” y proclama: “¡Mi hermano es de Neox y yo de Disney Channel!”. Un sentimiento de pertenencia que no esconde la penalización económica sufrida por los padres con el marketing que gira alrededor de las series, que no sólo han convertido a sus personajes en modelos, sino que también favorecen el consumo. “A nuestra edad, Hannah Montana es un ejemplo a seguir”, reconoce Laura, quien habla de ser actriz y cantante, pero que cree que “una cosa es ver la serie y otra es comprarse un estuche”, una trampa en la que sí opina que caen las niñas más pequeñas.
NORMATIVA
“¡No la cumplimos! ¡Ya sabéis que no la cumplimos!, grita Laura desde el sofá. “Ya sabemos que no ataja el problema, pero pusimos unas normas para reducir los conflictos”, admiten María Jesús y Fernando. Ambos han optado por publicar una disposición consensuada que permita regular y minimizar los roces, así como fijar unos límites a los excesos. Laura y Víctor han seleccionado su programa predilecto, Hannah Montana y Shin Chan respectivamente, y la franja horaria en que se emite está protegida frente al otro. “Se tienen que respetar mutuamente las series elegidas”, comenta María Jesús. También hay un control del tiempo que pueden pasar frente al televisor, pues como reconoce Fernando: “Ellos no se pondrían un tope”.
“¡No habría que poner normas!”, persevera Laura. “Si no pusiéramos límites sería un monopolio”, replica Fernando, que conviene: “Somos más permisivos porque la sociedad es más permisiva”. Por su parte, María Jesús cree que “terreno siempre se pierde, pero hay que negociarlo”. De cualquier forma “las lagunas de la norma” dan pie a conflictos que nunca se extinguen, palpables en muchos hogares con niños y la TDT. “En ocasiones te acostumbras a escuchar los noticiarios en la radio”, tolera María Jesús, mientras que en otras ocasiones simplemente imponen su autoridad, en especial cuando la ocasión lo requiere y programan una determinada película o hay un acontecimiento deportivo señalado.
Al igual que las normativas estatales en algunos casos son matizadas por una norma de rango superior europeo, las normativas en casa de María Jesús y Fernando también basculan con las presiones externas. Ahora, como reconoce Fernando, incluso los progenitores intentan “unificar un criterio” entre ellos para contrarrestar las triquiñuelas: el amigo/a siempre goza de más privilegios. “Tienes que estar con la generación actual. No quieres que haya un agravio comparativo con otros niños”, reflexiona Fernando. A pesar de todo, Fernando también posee su normativa: “Mi lista de preferencias es estar un rato con mi mujer. También tener espacio y tiempo para mis hijos”. Algo que el entramado social no protege, mediante una flexibilización laboral que dote a los padres de más tiempo para educar/negociar.
El periodismo gonzo no se encuentra como pez en la arena fuera del universo de HST. Al contrario, hay una gran tradición de escritores y periodistas que han utilizado el método gonzo (la necesidad de ser parte de algo para contarlo), no siempre el periodismo gonzo, para explicar sus historias con diferentes propósitos: abrazar el progreso y denunciar las injusticias, o bien como vehículo de expresión personal y ególatra, indiferente a toda transición colectiva. Dentro del cajón de sastre gonzo, repleto a menudo de materiales diversos y desordenados, de diferente índole, implicación y objetivos, se abre un vasto terreno para un trabajo de recopilación y clasificación de materiales periodísticos, con la voluntad de rendir tributo a sus precursores (Nelly Bly o Egon Erwin Kisch, por ejemplo) y dibujar una cronología más legítima y no tan reduccionista y anclada a HST.
Sin embargo, la panorámica gonzo, tan atractiva en forma pretérita, revela en el presente una desafección hacía este genero periodístico alternativo. En la actualidad el periodismo gonzo se ha convertido mayormente en un accesorio puntual para el lucimiento de periodistas que aspiran a estrellas. Inexistente en la red (espacio de lucha ideal para el gonzo) y en la prensa escrita (nunca su presencia ha sido destacable y, hoy en día, la tradición reporteril está en sus horas más bajas), destacan algunos pocos nombres como Matt Taibbi y clásicos como Wallraff, todavía al pie del cañón, pero sin duda su utilización es mucho mayor en el audiovisual, sobre todo como medio de expresión del reporterismo de humor y satírico, estilo CQC, o en documentalistas como Michael Moore, verdadero maestro en el terreno audiovisual, y apuestas como la de Samanta Villar en 21 días. Por otra parte, resulta estremecedora la regresión de la profesión periodística que ha arrinconado la ambición de ser parte de algo para narrarlo, de implicarse para explicar, en algo alternativo y radical, más propio de un subgénero como el gonzo que no del periodismo en su totalidad.
Así mismo, el periodismo gonzo es una etiqueta tardía que engloba y complementa al periodista embedded, periodista de investigación, periodista encubierto…con absoluta normalidad. Igualmente, el periodismo gonzo, su recuperación desde la tradición muckracker, le debe mucho a El Nuevo Periodismo, pues sin esa nueva mentalidad el giro de tuerca del periodismo gonzo habría sido inviable. Además, desde una perspectiva literaria el periodismo gonzo se entronca con los géneros memorialísticos y las autobiografías, un terreno ampliamente abonado en la literatura del yo, pero sazonado con algunas herramientas periodísticas.
El periodismo gonzo, cuando la implicación es legítima y sincera, proporciona una perspectiva única e inalcanzable para el reportaje convencional. La presencia del periodista en un primer plano, a carne viva y con un acceso privilegiado a la información, también supone toda una declaración de principios frente al periodismo más burocrático y ofimático, frente a las visiones prefabricadas e indolentes de la realidad. No hay que olvidar, pues, que el periodismo gonzo es también una actitud ideológica y ética, además de estilística. No obstante, también es habitual la contaminación de los periodistas que anteponen la voluntad de impresionar a la de informar, aquellos que privilegian la presencia del periodista (being there) a los hechos mismos, el entusiasmo de estar a lo que acontece, siendo el periodismo una mera excusa para sumergirse en un estilo de vida ansiado. El buen periodismo gonzo, bajo mi criterio, no debe anteponer jamás, en su escopetazo final, la presencia del periodista a los hechos mismos, ni caer en la exacerbada autobiografía, ni tampoco jugar en exceso al yo-yo o destapar la caja de Pandora. El periodismo gonzo es un periodismo transitivo, con una ruta de vuelo honesta.
En los bajos del periodismo gonzo subyace también el nuevo paradigma de la condición posmoderna: la deslegitimación de la legitimidad y la disensión del consenso. Ante el fracaso anunciado de la imposibilidad de asentar cualquier juicio, el HST de la memoria colectiva en Las Vegas y su estilo de reporterismo más narcisista se yerguen condecorados con las muletillas posmodernas. El animal HST está devorado por un proceso de personalización, una radicalización de los valores hedonistas y una legitimación del placer que absorben sus rutinas periodísticas. Lo importante es ser uno mismo, certificar la impostura de la autenticidad y la personalidad, ser libre y transgresor, al contrario que las formas caducas de la prensa tradicional. HST, a pesar de sus fobias y estridencias políticas, participaba de la aparente descrispación de las posturas políticas e ideológicas, una suerte de nihilismo político, aunque siempre se le puede dar un giro de tuerca y presentarlo de forma diametralmente opuesta. En Günter Wallraff, el otro polo del periodismo gonzo, las recetas posmodernas se diluyen y la revolución y el progreso no están enterrados en una retirada sin cuartel sobre el presente: hay la trasnochada, pero siempre útil, conciencia de clase, tan poco chic hoy en día frente al por que tu lo vales. En la corriente mayoritaria del periodismo gonzo la emoción directa absorbe al discurso transitivo, adscribiéndose a la liberación del yo y a su autonomía del periodismo aséptico, todavía hegemónico, que busca un equilibrio moderado de una realidad móvil a la que tratamos de adaptarnos como las algas se doblegan bajo el impulso de las corrientes.
“I hope you enjoy reading this as much as I enjoyed writing it”.
Más allá del triunvirato expuesto, el periodismo gonzo ha sido trazado por diversos periodistas y escritores, de forma puntual o regular. De hecho, el periodismo gonzo tiene una gran tradición, dentro del periodismo y de la novela, todavía por explorar (alguna pieza de Kapuściński apuntada por un lector de este blog, por ejemplo). Desde George Orwell a Terry Southern hay un gran trabajo de campo todavía por saldar. El propósito de este capítulo es, además de abrazar nuevos nombres y obras para futuras lecturas, es realizar una rauda panorámica por el universo gonzo y algunos de sus precursores y correligionarios. ¡Olvidemos a HST!
Entre la producción nonfiction del aventurero Jack London (1876-1926), escritor norteamericano de raíces socialistas y precursor del gonzo, destaca The People of the Abyss (1903), libro donde el autor relata las duras condiciones de vida en Londres a principios del siglo pasado (1902). El escritor vagabundeó durante varios meses, durmiendo en las calles o en workhouses, experimentando en primera persona todas las carencias y testimoniando sus efectos. En Jack London, como después en Wallraff, el periodismo gonzo es únicamente el medio a través del cual vehicular sus convicciones y darles sonoridad. No les atrae el riesgo, sino la voluntad de transformar y combatir las injusticias.
Civilisation has increased man’s producing power an hundred-fold, and through mismanagement the men of Civilisation live worse than the beasts, and have less to eat and wear and protect them from the elements than the savage Innuit in a frigid climate who lives to-day as he lived in the stone age ten thousand years ago. The experiences related in this volume fell to me in the summer of 1902. I went down into the under-world of London with an attitude of mind which I may best liken to that of the explorer. I was open to be convinced by the evidence of my eyes, rather than by the teachings of those who had not seen, or by the words of those who had seen and gone before. Further, I took with me certain simple criteria with which to measure the life of the under-world. That which made for more life, for physical and spiritual health, was good; that which made for less life, which hurt, and dwarfed, and distorted life, was bad.
The People of the Abyss. Jack London
Inspirado por el trabajo del muckracker Jacob Riis, autor de How the Other Half Lives, el trabajo de London sirvió así mismo de inspiración a George Orwell para su primer libro Down and Out in Paris and London, también material gonzo a recuperar. En el primer capítulo, titulado The Descent, London realiza quizás la primera declaración gonzo:
“But I don’t want to see the police,” I protested. “What I wish to do is to go down into the East End and see things for myself. I wish to know how those people are living there, and why they are living there, and what they are living for. In short, I am going to live there myself.”
Egon Erwin Kisch (1885-1948), periodista checo conocido como Rasender reporter (el reportero veloz o furioso) es un antecedente europeo algo desconocido, pero siempre citado en relación a Wallraff debido a la utilización de métodos cercanos a la ilegalidad y el engaño como puente ineludible antes de reportear. Kisch se infiltraba en los cafés, tabernas populares, asilos, trababa conversación con vagabundos, policías y prostitutas, con un gran poder de convicción. De calles y noches de Praga (Ed. Minúscula), además del único libro traducido al castellano, es una recopilación de artículos sobre Praga, subterránea y desconocida, realizada en 1912 con el material publicado por el autor en su espacio dominical titulado Correrías por Praga. Pionero del periodismo de investigación e incluso policiaco, Kisch es el gran antecedente del periodismo gonzo europeo, caído en el olvido en las facultades de periodismo.
Sus dos obras más importantes son Der rasende Reporter (1924) y Markplatz der Sensationen (1942) (“El mercado de las sensaciones”), ambos no traducidos al castellano y únicamente uno al inglés. En ambos se pueden encontrar artículos gonzo escritos en impetuosa primera persona. En Abajo con los desahuciados de Whitechapel, Kisch se disfraza de indigente y pasa una noche en un albergue de mendigos sin casa de Londres. En Experimento con una propina exagerada, Kisch recorre diferentes rutas del tranvía en Berlín observando cómo reaccionan los encargados del tranvía y el resto de viajeros frente a una propina exagerada. En Tres semanas como recolector de cebada, Kisch hace precisamente eso, y en Tras las huellas del Golem examina el mito del Golem en Praga.
Otra leyenda del periodismo encubierto fue Elizabeth Jane Cochrane, más conocida con el seudónimo Nellie Bly (1864-1922). Nellie Bly se dio a conocer con sus artículos de espíritu combativo en el Pittsburgh Dispatch hasta que solicitó empleo en el periódico de Joseph Pulitzer, The New York World. Su primer encargo fue elaborar un reportaje sobre un asilo psiquiátrico para mujeres en Blackwell’s Island. Antes tuvo que ensayar su locura y hacer creer a todo el mundo que debía ser internada: un circo de película con reminiscencias ulteriores en Beyond the Reasonable Doubt de Fritz Lang y, sobre todo, Corredor sin retorno de Sam Fuller. Examinada por doctores, consiguió engañarlos y ser declarada demente e indudablemente insana. El caso atrajo la atención de los medios de comunicación. “Who Is This Insane Girl?” titulaba el New York Sun. Internada finalmente en el centro psiquiátrico para mujeres (manicomio, vaya), Bly pudo comprobar en primer persona el trato de las enfermeras (rígido y abusivo), las austeras instalaciones y lo más duro: hablando con otras residentes se convenció de que algunas de ellas estaban tan sanas como ella lo estaba en realidad.
What, excepting torture, would produce insanity quicker than this treatment? Here is a class of women sent to be cured. I would like the expert physicians who are condemning me for my action, which has proven their ability, to take a perfectly sane and healthy woman, shut her up and make her sit from 6 a.m. until 8 p.m. on straight-back benches, do not allow her to talk or move during these hours, give her no reading and let her know nothing of the world or its doings, give her bad food and harsh treatment, and see how long it will take to make her insane. Two months would make her a mental and physical wreck.
Ten Days in a Mad-House. Nellie Bly
Después de diez días Bly abandonó el manicomio y reporteo sus experiencias que más tarde se publicarían en forma de libro con el titulo Ten Days in a Mad-House (1887). El escándalo estalló y también la fama. Psiquíatras y jueces habían sido burlados, pero lo más importante fue que un juez lanzó su propia investigación sobre el centro psiquiátrico con fines correctores, tanto a nivel humano como presupuestario. Bly consiguió transformar una deplorable realidad: “I am happy to be able to state as a result of my visit to the asylum and the exposures consequent thereon, that the City of New York has appropriated $1,000,000 more per annum than ever before for the care of the insane. So I have at least the satisfaction of knowing that the poor unfortunates will be the better cared for because of my work”. Antes de retirarse para ejercer de empresaria, Nellie Bly dio la vuelta al mundo en 72 días batiendo el entonces récord del mundo. Su record duró meses, pero su viaje fue reporteado en el libro Around the World in Seventy-Two Days.
Lester Bangs (1948-1982), músico y periodista musical, es un referente del periodismo gonzo de temática musical. Afamado colaborador de revistas como Creem, Rolling Stone, NME o Village Voice, es reconocido como una de las plumas más combativas que ha existido en el periodismo musical. Bangs se caracteriza por su total implicación y su cercanía con los artistas, en contraposición a las visiones más frías y academicistas. Bangs compartía excesos, momentos de gloria y crisis, con músicos como Patti Smith o Lou Reed. Su inclinación al insulto y la confrontación en las entrevistas, su descaro para inventarse fragmentos de las entrevistas y así darles una nueva dimensión, son parte de la leyenda de un periodista que se marchó antes de tiempo, víctima de los abusos. Su testimonio está recopilado en Psychotic Reactions and Carburetor Dung: The Work of a Legendary Critic donde se vislumbra su afán por separar el producto del artista, con un lenguaje impúdico y punzante, pero siempre clarividente.
The first time I interviewed him I had no real plans for doing a story; I had been following his work for years, and just wanted to find out what kind of guy he was. I didn’t expect much, really, or rather what I expected was either some narcissistic twit or more likely a character whose head was permanently lodged in the scientific/cybernetic/conceptual art clouds. Somebody who might be nice enough but was just a little too... ethereal.
The person I did meet that day was relaxed, gracious, and, to use his favorite word, one of the most interesting conversationalists I’d run into in some time. Unlike most rock people, he was interesting in lots of things beyond music and kicks; unlike many academic types, he recognized that a lot of the things he was interested in were somewhat arcane or overly theoretical, and that the jargon some of these concerns inevitably arrived in was incredibly dry. “Most of what I do has been thought about rather than talked about,” he said at one point, “and my resources of information are kind of quasi-scientific, which means that the language that comes out is really objectionable in a way.” He seemed kind of amused by this, when not at pains to make sure he wasn’t boring his guests to death. One of his biggest problems seemed to be people who wanted to impress him and acted like they knew what he was talking about when they really didn’t, letting him go on and on and on when he knew he had the tendency to get carried away. The clincher came at the end of the interview; it was getting towards dinnertime, and suddenly I had this picture of a Britisher who for all I knew didn’t have that many friends here, sitting in his hotel room in Gramercy Park all night, so I asked him if he’d like to get something to eat and then come over and listen to some records. “Sure,” he said, and then “Uh, say… um… would you happen to know any nice girls you could introduce me to?
Brian Eno: A Sandbox In Alphaville. Lester Bangs
En el campo deportivo el referente es George Plimpton (1927-2003), multifacético personaje que desarrollo la mayoría de sus escritos para la revista literaria The Paris Review. Plimpton es un referente del periodismo encubierto gracias a sus reportajes en los que se internaba en el objeto de estudio con el propósito de relatar la experiencia en primera persona, vetada como mero testimonio. Así se hizo domador de leones; sparring del boxeador Archie Moore, campeón mundial de los semipesados y con el récord de peleas ganadas por KO con 145; durante una temporada hizo de quarterback de los Detroit Lions; portero ocasional de los Boston Bruins de hockey sobre hielo (Open Net); intentó jugar en el circuito profesional de golf (PGA Tour); fue un profano percusionista de la Filarmónica de Nueva York de Leonard Bernestein durante una gira por el Canadá; disputó una partida con Gari Kasparov; fue vapuleado por el ex nº1 del tenis Pancho Gonzales, etc. Plimpton, también actor de cine de escaso recorrido, era un especialista en adentrarse en los vericuetos del deporte profesional y narrar sus experiencias desde un punto de vista amateur, no tanto centrado en el deporte y sus reglas, sino más bien en las personalidades que poblaban los vestuarios, las gradas, los hoteles… con grandes dosis de humor. Dos de sus eximios libros son Out of My Game, basado en su paso por los campos de béisbol, y Paper Lion de su periplo con el equipo de fútbol americano de los Detroit Lions. Recientemente el ex jugador del Joventut de Badalona, Paul Shirley, acometió una experiencia literaria similar.
De todos ellos el más cercano a los postulados de HST es sin ninguna duda Matt Taibbi (1970-), que de hecho ocupa una sección similar a la de HST (y P.J. O’Rourke) en Rolling Stone, con su columna Road Rage, además de escribir para New York Press. Taibbi, hijo de un periodista de la NBC, posee un talento incisivo para el comentario político, al que tan aficionado era HST, y detenta una visión igual de escéptica del mundo del periodismo y la política. En ocasiones caótico, anecdótico, hilarante y cáustico, Taibii también ha practicado el periodismo encubierto (undercover journalism). En su reportaje Jesus Made Me Puke. Matt Taibbi Undercover with the Christian Right, Taibbi se camufla en la iglesia del pastor John Hagee, uno de los predicadores evangélicos más influyentes del país, con el objetivo de dar un vistazo al universo evangélico, tan influyente en los 8 años de reinado de George W. Bush. Otra de sus masterpieces gonzo se lleva a cabo cuando se infiltra en la fiesta de cumpleaños del senador Conrad Burns, haciéndose pasar por miembro de un lobby que representa a una empresa petrolera que quiere perforar en el Gran Cañón. Las peripecias del periodista político más salvaje y entretenido del país no se detienen aquí. Taibbi ha vagado en un bote por el apocalíptico New Orleans post-Katrina con Sean Penn, ha viajado a Irak como periodista empotrado (embedded) donde paso tres noches en Abui Ghraib, etc.
It was a drive of several hours back to the FOB in Mosul that night, and after we made it without incident, we sacked out for the night. While we were sleeping, another soldier got shot outside the wall, but he wasn’t with us. Moreover, word filtered back the next day that the first police station we’d visited in Tal Afar the day before had been shot up with AK fire. When we gassed the vehicles before leaving the FOB, we ran into another squad that had been hit; I talked to a twenty-year-old Californian named Anthony Matthews who was just coming back from medical leave after taking an IED in the face. Matthews looked just barely old enough to have a beard and reminded me of someone I’d see pumping Slurpees in a Georgia truck stop, but his face was already lightly scarred from the bomb fragments. Like most of the Iraq casualties of late, he was a gunner.
Fort Apache, Iraq. Matt.Taibbi
Taibbi es autor de varios libros y recopilaciones de artículos. Spanking the Donkey: Dispatches from the Dumb Season es una recopilación de enojados artículos escritos durante la cobertura de las elecciones presidenciales del 2004, infiltrado y crítico con ambos bandos contenciosos, al igual que con los periodistas estrella. Unos artículos en los que el periodista norteamericano despliega toda su agudeza, su gusto por los escenarios, personajes y situaciones excéntricas, entretenidas y apetitosas en los detalles. A pesar de que constantemente le cuelgan la etiqueta de thompsoniano, él siempre ha intentado desmarcarse “I’m so sick of it. People throw that term around, gonzo journalism, but it’s synonymous with Hunter Thompson. He is gonzo journalism. The guy I really grew up admiring was H.L. Mencken”. Aún así, la asociación es tan inevitable como evidente en los temas y su tratamiento, y también debido a que, como HST, posee una gran personalidad que deja huella en sus escritos y los lectores.
I paused, wincing inwardly. An outsider coming into this world will feel sure that the moment he coughs up one of those “God told me to put more English on my tee shot” lines, his dark game will be instantly visible to all, and he’ll be made the target of one of those Invasion of the Body Snatchers-style point-and-screech mob scenes. But nothing could be further from the truth. You simply cannot go wrong praising God in this world; overdoing it is literally impossible. I would understand this better by the end of the weekend. Maria smiled. “I feel the same way. Have you ever been to one of these Encounters?” “No, I haven’t,” I said. “Me neither,” she said. “I’m really excited.” “They’re wonderful,” said the matronly Mexican woman in front of me, turning around. “They really change you forever".
Jesus Made Me Puke. Matt.Taibbi
Otro de sus libros recopilatorios más afamados es Smells Like Dead Elephants: Dispatches from a Rotting Empire que incluye la historia de la fiesta del senador Conrad Burns (How to Be a Lobbyist Without Really Trying), su viaje a Irak y su estancia en Abu Ghraib, su paso por la Nueva Orleans post-Katrina o su crónica del juicio de California contra Michael Jackson que definen la trayectoria de un reportero político y social consumido por el espíritu gonzo. Otro de sus libros es The Great Derangement: A Terrifying True Story of War, Politics, and Religion at the Twilight of the American Empire, e incluye su incursión en la iglesia de John Hagee, además de crónicas desenfrenadas de las ruedas de prensa del Congreso -poniendo el énfasis en la corrupción y la desesperación creciente de América- y encuentros de organizaciones convencidas de que detrás del 9/11 se esconde una gran mentira, los conspiracionistas. Taibbi acaba por afirmar que entre los cristianos renacidos (Born-again-Christian) y los terroristas no existen grandes diferencias de fondo. Todo ello con un estilo, acusado infinitas veces de sensacionalista, cínico y gratuito.
Ahondando en la vertiente que ha abocado al periodismo gonzo a un estilo cercano al del humorista político, preocupado en venderse a sí mismo a través de cualquier historia y escándalo, destaca P.J. O’Rourke (1947-). Así como Michael Moore informa al más puro estilo muckracker, al tiempo que entretiene y manipula de vez en cuando hacia la izquierda, con Rourke la sensación es que no hay intención periodística alguna, más bien que se trata de un nuevo columnista que acomete situaciones de riesgo, que se expresa de forma sarcástica y fuera del lenguaje políticamente correcto, que lanza opiniones provocativas e incendiarias, con el único objetivo de crearse un coro de seguidores y detractores, que se hable de él. Un periodismo donde el contenido de la denuncia no es tan importante como el hecho de transgredir las normas y enorgullecerse por ello. Sus largos viajes (el río Olga, Líbano, etc) invitan más a la carcajada macarra que a la reflexión productiva, constituyendo un producto de escaso y ligero recorrido. O’Rourke empezó su controvertida singladura en la revista humorística National Lampoon, creada en 1971 como vástago de la revista Harvard Lampoom, con amplia difusión hacia mediados de los años 70 como resultado de su humor crudo y surrealista.
A comienzos de los años 80, O’Rourke empezaría sus colaboraciones con la revista Rolling Stone a las que seguirían diversos libros. El bizarro sentido del humor de O’Rourke se mezcla con un ideario político conservador en cuestiones económicas, excepto en cuestiones sexuales donde se manifiesta liberal. Con facilidad para el insulto contra aquellos que difieren de sus proclamas, O’Rourke argumenta que “God is a Republican and Santa Claus is a Democrat because God is a tough, unsentimental S.O.B. and Santa Claus is a sweet old fellow who doesn’t exist”. O’Rourke apuesta en algunos de sus textos por el libre mercado y la mínima intervención del estado. Su frivolidad llega al punto de afirmar que vivimos en el mejor momento de la historia y que los Estados Unidos son el mejor lugar para vivir, al tiempo aborda con humor (All The Trouble in the World) temas tan delicados como la sobrepoblación, el hambre, los problemas ecológicos, el multiculturalismo y la miseria del tercer mundo, sobre todo la de aquellos países cuyos dictadores han usado el socialismo como pretexto.
Now a lot of people say to me, “Hey, P.J., you like to drive fast. Why not join a responsible organization, such as the Sports Car Club of America, and enjoy participation in sports car racing? That way you could drive as fast as you wish while still engaging in a well-regulated spectator sport that is becoming more popular each year.” No thanks. In the first place, if you ask me, those guys are a bunch of tweedy old barf mats who like to talk about things like what necktie they wore to Alberto Ascari’s funeral. And in the second place, they won’t let me drive drunk. They expect me to go out there and smash into things and roll over on the roof and catch fire and burn to death when I’m sober. They must think I’m crazy. That stuff scares me. I have to get completely shit-faced to even think about driving fast. How can you have a lot of exciting thrills when you’re so terrified that you wet yourself all the time? That’s not fun. It’s just not fun to have exciting thrills when you’re scared. Take the heroes of the Iliad for instance – they really had some exciting thrills, and were they scared? No. They were drunk. Every chance they could get. And so am I, and I’m not going out there and have a horrible car wreck until somebody brings me a cocktail.
How to DRIVE FAST on DRUGS while getting your WING-WANG SQUEEZED and not SPILL YOUR DRINK . P.J. O’Rourke
Unos de sus artículos más conocidos es How to DRIVE FAST on DRUGS while getting your WING-WANG SQUEEZED and not SPILL YOUR DRINK o Ferrari refutes decline of the West, de su colección de artículos publicados bajo el titulo Republican Party Reptile. Sátiras provocativas y al límite de la irresponsabilidad, siempre con la motivación de la diversión (because it’s fun) y el riesgo, aunque en realidad él sólo sueña con escopetear a todos los Dennis Hopper y Peter Fonda del país.
El último fenómeno, ni literario ni periodístico pero auténtico best-seller, en asociarse con éxito al periodismo gonzo es Tucker Max (1975-). Fermentado en Internet, quizás sea la versión más enfermiza, desde el punto de vista periodístico, ligada por los mass media al gonzo. Considerado por muchos publicistas como el último gonzo, Tucker Max es el autor del libro I Hope They Serve Beer in Hell (2006), una recopilación de short-stories, publicadas en su web, donde la incorrección política y verbal, la promiscuidad, el humor de la saga American Pie y Sexo en Nueva York, el libertinaje, los embarazosos encuentros sexuales, las borracheras...han hecho un cóctel que le ha permitido vender 70.000 copias el primer año. Humorista, actor y personaje de entretenimiento, Tucker Max goza de una basta y vasta audiencia deseosa de leer sus peripecias narradas en primera persona, desde las sábanas. Su presentación, apocalíptica para la tradición gonzo, es cómica: “My name is Tucker Max, and I am an asshole. I get excessively drunk at inappropriate times, disregard social norms, indulge every whim, ignore the consequences of my actions, mock idiots and posers, sleep with more women than is safe or reasonable, and just generally act like a raging dickhead. But, I do contribute to humanity in one very important way. I share my adventures with the world. They are known as: The Tucker Max Stories”. Poco o nada que ver con el periodismo gonzo. El contenido que propone Tucker Max es algo sobre lo que los libros de periodismo pueden pasar página, aunque su lema es puro gonzo adulterado: “I hope you enjoy reading this as much as I enjoyed living it”.
Así mismo, hay una serie de periodistas relacionados con el periodismo gonzo (además de todos aquellos que he olvidado incluir en una lista muy ampliable)de los que no he encontrado trabajos ni tampoco referencias de peso. Periodistas, por ejemplo, como Alan Cabal, colaborador de la revista CounterPunch y antes de New York Press, famoso por su defensa de Ernst Zündel, neonazi canadiense. Cabal se autodefine como un “certified satanist”. Otros periodistas en la órbita son Jordan Kobos, John Birmingham, Tom Luffman y el reportero de investigación Greg Palast.
Robert Juan-Cantavella (Almassora, 1976), antiguo jefe de redacción de la revista Lateral, es el último escritor que ha invocado la figura de HST y el periodismo gonzo a la hora de lanzar su libro El dorado. Autor de las novelas Otro y Proust Fiction, Juan-Cantavella, mediante su alter ego Trevor Escargot (siguiendo los pasos de Raoul Duke), recibe el encargo de realizar un reportaje sobre Marina D’Or, la mayor ciudad de vacaciones y ocio de Europa, ahora símbolo del ocaso del ladrillazo. Así, Escargot retoza en el paradigma urbanístico de la sinrazón y el exceso, un faraónico modelo de gran impacto medioambiental, un espejismo y sueño caduco, similar a Las Vegas de HST, donde nada parece ser lo anunciando, excepto la cuenta. Sin embargo, Escargot no se encierra en la artificialidad de Marina d’Or, sino que su cinismo alcanza hasta la visita del Papa Benedicto XVI a Valencia.
El autor, según sus propias palabras, se muestra “muy interesado en la frontera entre géneros y en actualizar el nuevo periodismo norteamericano de los años 70”. Además de pasar unas vacaciones en Marina D’Or, Juan-Cantavella presume de un riguroso trabajo de documentación, aunque reconoce un trabajo de “malversación de los hechos”, tamizados por pasajes alucinógenos. Juego entre realidad y ficción, Juan-Cantavella conjuga la crítica feroz, el embelesamiento biográfico, el costumbrismo, el surrealismo y el metaperiodismo, con grandes dosis de verborrea chalada, lejos de las entrelíneas sugerentes de HST y conjugando su propio itinerario de fobias. El autor es sincero cuando aclaró en una entrevista que su interés fundamental era estético, más allá de provocar una reflexión en su particular Miedo y asco en Marina D’Or. Producto inusual en el periodismo literario español, rayando lo kitsch que no a Kisch, el lector es cómplice de todos los movimientos de Trevor Escargot, su ingesta de pastillas, sus alucinaciones, la puesta en marcha de su grabadora, etc. El autor se permite incluso el diálogo consigo mismo, Juan-Cantavella, y cargar de nuevo contra la SGAE (recordar que el autor ha sido denunciando por la misma organización mafiosa después de un artículo en Quimera, donde acusaba a dicha sociedad de ejercer la piratería).
¿Y cómo nos vende el autor el producto más allá de sus virtudes? Pues con una nueva etiqueta con la que llamar la atención, un nuevo eslogan para un producto ya conocido. A pesar de que se declara admirador del periodismo gonzo, Juan-Cantavella nos habla en un manifiesto, colgado en web, de aportaje, suerte de reportaje donde “cada personaje es absolutamente real y todo parecido con la ficción de los hechos, una casualidad maravillosa”. Y en lugar de periodismo gonzo nos habla de Punk Journalism, “una forma bastarda del periodismo Gonzo”. En su ensayo Juan-Cantavella escribe:
En el aportaje no existe el pacto de veracidad que rige los designios del reportaje periodístico. Establecido entre el periodista y el lector, semejante horterada compromete al primero con la veracidad de la información ofrecida al segundo, de tal forma que si se respeta la etiqueta y el periodista actúa con recato y diligencia, antes siquiera de leer el texto el lector ya sabrá que lo que se le va a contar es cierto. […] De modo que cuando el lector se enfrenta a un texto de estas características confía en que cuanto le van a contar es la realidad y no una ficción.
En el aportaje, en cambio, este pacto no existe. El lector se enfrenta al aportaje sin tener la seguridad de que todo lo que va a leer es cierto. Esto no quiere decir que todo lo que vaya a leer sea mentira. De hecho, en un sentido profundo significa lo contrario. Lo que cambia es la actitud, y la actitud del lector que se enfrenta a un aportaje no está basada en la confianza, como sucede con el reportaje, sino en la sospecha. Al lector de un aportaje no le está dado saber de antemano si lo que van a contarle sucedió en realidad.
El periodismo gonzo, si se piensa en ello, no avanzará mucho más allá mediante castillos retóricos de arena, sino que debería focalizarse en continuar por la senda periodística de Wallraff y afilar más la mordedura, como ya hace en algunos pasajes Juan-Cantavella. No obstante, uno tiene la sensación con su última obra de que le intentan dar gato por liebre, a pesar de la honradez de su autor. En primer lugar, los pactos de veracidad entre el periodismo y el lector jamás han tenido menos validez que en la actualidad, a pesar del envoltorio oficialista. Precisamente ese fue uno de los puentes dinamitados por El Nuevo Periodismo, y su alergia al dogma de la virtual objetividad. No parece honesto levantar muros ya derribados para volverlos a dinamitar, con el objetivo de ponerse viejas medallas y atraer algunos críticos perezosos.
Más interesante resulta quizás el juego de desconfianza que plantea Juan-Cantavella, donde el lector duda de todo y finaliza su lectura sin la más mínima certeza. Sin embargo, esta confusión (sucedió o no sucedió / estuvo allí o no estuvo allí), o mejor dicho susceptibilidad, siempre ha ido a lomos del periodismo gonzo, acusado de potenciar construcciones de la realidad al gusto del reportero, al igual que es intrínseca a todo el periodismo. De ahí que bajo las premisas de Juan-Cantavella la venta del concepto devore cualquier propósito periodístico, aunque me temo que el inteligente autor no tiene tales pretensiones trasnochadas de servicio. De hecho, ya hablamos quizás más de novela gonzo que no de periodismo gonzo, y no precisamente por su formato de publicación.
Juan-Cantavella insiste en marcar distancias y también habla de Old Journalism al considerar que El Nuevo Periodismo está desfasado, cuando ElNuevo Periodismo alcanzó cotas de modernidad antaño todavía no superadas y referentes no suplantados. Es una tradición quebrada. En lo que a periodismo gonzo se refiere, Juan-Cantavella lo sustituye por el Punk Journalism, forma bastarda del periodismo gonzo: “...en el caso del Punk Journalism no sólo se importan las elegantes trampas de la narración realista sino también otras menos respetables que tienen que ver con la pura fabulación, la parodia maliciosa, la mentira sincera, la especulación kamikaze, el despropósito gratuito, la irresponsabilidad inmediata, etc... o lo que viene a ser lo mismo, el Punk Journalism también trafica con mentiras porque sabe que lo que está diciendo es verdad”. Si se ha leído a HST, sobretodo el post-Hell’s Angels, uno encuentra precisamente todo tipo de trampas poco respetables (pura fabulación, la parodia maliciosa, la mentira sincera, la especulación kamikaze, el despropósito gratuito, la irresponsabilidad inmediata), de forma que no hay justificación para una nueva etiqueta. En suma, es una etiqueta ficticia que genera confusión y algo de notoriedad, en complicidad con el interés editorial, lo que no quiere decir que la novela no tenga pasajes con contenido crítico, gamberros y entretenidos, aunque para diversión la del propio autor en sus carnes.